Estaba leyendo en el periódico sobre los bingos en Brasil, liberados pero con cierto control por parte del gobierno. Hay 395 bingos registrados oficialmente en Brasil. Con esto de las investigaciones de corrupción en el gobierno y todo aquello, están investigando el behind the scenes de los bingos y sus caminos nebulosos por la alameda del crimen organizado. Todo eso me remontó a mi madre, doña Dixie. Amante del bingo, mi madre es de las que se sabe los nombres dados a cada número que juega. La edad de Cristo cuando murió, es el 33, por supuesto. Dos patitos, el 22 obviamente. Las más actualizadas, dirán que Torres Gemelas, es el 11. No me quiero ni acordar qué le decían al 69! Jajaja. Anyways, me parecía un mundo aparte. Ver esas señoras reunidas en casas de alguien, siempre atentas por si venía la ley. Imagino que existan más que 395 bingos en Panamá clandestinamente. Si es que se le puede llamar clandestino a la casa de una familia, donde las señoras se reunían. Nunca relacioné el bingo al crimen organizado, pero sí a señoras que se tomaban un break de sus maridos, de sus hijos y de cocinar, limpiar, lavar ropa o quién sabe qué otras cosas hacían en sus casas. Todo en el nombre del juego. Un inocente juego que muchas veces se volvía el único amigo del alma solitaria que buscaba compañía en otras almas.
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