Esta semana hubo un incidente diplomático con el embajador de Brasil en un estado de los Estados Unidos que llamó mi atención. Él se refirió a los latinos de habla hispana como “cucarachos”, término tan despectivo, pero que retrata bien la idea que los brasileiros tienen de nosotros los hispánicos. No sé si es por falta de cultura o de un intercambio mayor entre estos pueblos, pero el brasileiro en general, piensa que todo lo que venga de la América hispánica es demodé, pasado, gallo, brega, runcho, de baja calidad. El brasileiro en general, tiene una idea un poco caricaturizada de los hispanoparlantes y piensa que nuestras costumbres se asemejan a las películas mexicanas y cubanas de los años 50 (con sombrero mexicano y todo). No conocen nuestra música y las excelentes bandas existentes, no conocen la diferencia entre los países, que como el mismo Brasil y todos sus estados, son enormes. Ellos no se imaginan la variedad cultural que existe en nuestros países porque no se interesan en conocernos un poco más. Ni com el Mercosur, que supuestamente vino para unir los países del cono sur, ellos han podido aprender un poco más de nuestras costumbres. Ok, ok, nosotros tampoco sabemos que no todos los brasileiros son “cariocas”, que no todo es una enorme Copacabana y que no basta con colocar el “iño” al final de las palabras para falar portugués. La gran diferencia, es que para nosotros que somos de América hispánica, los brasileiros son siempre bienvenidos, son un pueblo alegre, feliz y amigable que tiene las mismas raíces que nosotros. Y no estoy diciendo que no me siento bienvenida en Brasil, pero los comentarios en tono de chiste que escucho siempre son lo mínimo innecesarios. Pero bueno, creo que eso puede cambiar con las personas que, como yo, escogieron este país para vivir. Antes, solía culpar la falta de cultura y alfabetización que existe en Brasil. No me cabía en la cabeza que ellos no supieran dónde quedaba Panamá, Aruba o Uruguay. Ahora ya no soporto esa falta de cultura de algunas personas. En estos tiempos cibernéticos, es casi imperdonable que la gente no se hubique en el mundo. Parece que ese estado letárgico es lo que los mueve todos los días. Qué horror.

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