Estoy leyendo Tres Tristes Tigres, de Cabrera Infante y me estoy cagando de la risa con cada línea. Es como si estuviera escuchando a algún panameño hablar. Ya desde el primer capítulo, Cabrera Infante escribe “en cubano” para darle a la historia más realismo y más gracia a la historia. Ya había comenzado a leer este libro hace años, pero no sé por qué razón no lo terminé. Creo que no estaba en su tiempo.

“La última vez que vi a tu hija que ya no sé ni cómo se yama fue hase como seis meses. Bino aquí una tarde por la tarde con una amiga rubia y las dos traían pantalones, pantalones largos más apretados que visto en mi vida entera y benían fumando sigarros, unos sigarros que olían muy rico y muy dulse. Les ise café y todo y ellas estubieron un rato aquí y se sentaron y todo y casi me puse contenta porque lusía muy linda. Verdá es que se unta mucha pintura y mucho polbo y mucho crellón de labio pero estaba rialmente bonita. Ella y la amiga se cuchichiaban y se traían un secreto de lo más molesto y te juro que no me gusto nada y asta me ensendían los sigarros una a la outra tú sabes, con los dos sigarros en la boca de una de ellas y nada de eso me gustó y luego desían cosas que yo no entendía casi y se reían después y también se reían por gusto y salieron al patio se ríeron de los becinos y se cojían las manos y de desían contantemente mi hermana y mi amiga y mi amiguita y cosas así y cuando se fueron iban con las manos cojidas y se despidieron muertesitas de risa como si le hubiera contado un gran chiste al salir y yo las acompañé hasta la puerta de la cesoría y me dijerona adiós con la mano de la máquina y se fueron con mucho ruido y muertas pero muertas de risa. Esa fue la última vez que vi a tu hija,la que antes se yamaba Gloria Pérez y que a ora se llama Cuba Venegas estubo por acá”.

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