Ayer tenía todo listo para ir a ver una exhibición de la Mostra de Cinema de São Paulo y al final me quedé en casa.  A veces pienso que hay tanto que hacer en esta ciudad, que me entran las paranóias de que me estoy perdiendo algo.  Digo, con tanta oferta en el mercado cultural, uno hasta se siente culpable de estar perdiéndose algo.  Es la bienal, es el show de Satriani, es el Ballet de Moscú, es el film de Iñárritu, el de Al Gore…Cada viernes es lo mismo.  Ese maldito guía que viene en el Estadão, con lo mejor de la ciudad.  Es un  horror!  En fin, yo soyde aquellas que marca en el  guía lo que  quiero hacer durante la  semana.  Generalmente, cumplo mis objetivos culturales.  No hay una semana que pase sin hacer nada. 
Y eso sin mencionar la cantidad de revistas en el mercado.  Como no soy millonaria, regularmente voy a la Fnac de la Paulista para leer u hojear la Vogue americana y la  inglesa,  la W, la Glamour y la Rolling Stone americana.  Pero de vez en cuando compro una revista para “tenerla” en mi colección.  Adoro revistas!  Tengo una Rolling Stone de 1999, edición especial Behind the Scenes, con fotos alucinantes e históricas.  Algún día  pienso poner algunas en portarretratos de mi hall of fame.  El viernes acabó de salir la Rolling Stone brasileira.  La primerísima edición.  Voy a comprarla para mi colección,  pero para mí, ninguna supera la americana. 
 
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