No sé si ya he escrito aquí sobre las cualidades artísticas de los brasileiros cuando se refiere a belleza.  Manicure impecable, sin lastimar, que dejan  la mano como una verdadera reina, aunque hayas cometido el pecado de arrancarte los pellejitos (como fue mi caso hoy); pedicure con derecho a masaje, limpieza de callitos, que también te dejan el pie como el más lindo del mundo.  Y entonces están las depilaciones.  Mundialmente famoso, el Brazilian Wax es tan sin verguenza (léase sin tener verguenza, pena) como la manera de vivir de los brasileiros y brasileiras de este gran país.  Hoy llegué a hacerme mi depilación.  Es viernes, el clima está super caliente, dan ganas de andar por ahí en bikini, pero no exageremos, no?  Me invitan a entrar a la sala donde siempre entro a hacérmela y me encuentro a una nueva depiladora.  Me quito el pantalón y la blusa.  Quedo en panty y brassiere.  Me iba a hacer la “virilha” (bikini) y las axilas.  Normal.  Cuando estoy acostada, la depiladora me pregunta: “Bikini?  Quítate el panty”.  Oh my God.  Fueron 2 segundos de pánico porque nunca me habían depilado sin nada puesto!  Después del pánico, me quito rápidamente mi panty y pienso: “Nunca me habían quitado el panty tan, pero tan rápido y sin yo querer!”  Yo seguí tagarelando como siempre, con las piernas abiertas y ya con un I don’t freaking care en mi mente.  Total, estaba allí y no podía hacer más nada que abrir las piernas.  hahahahahahha.  Ok.  Ahí, la depiladora me hace otra pregunta:  “Te vas a depilar el anus también?”, así como quien pregunta “Te gusta el jugo de maracuyá?”.  Yo le digo que no, que hoy no.  Me quedo pensando que todo en este Brasil es así.  Medio sin verguenza.  Eso como que me gusta!
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