Estos han sido días hiper activos.  Con la visita de Silvia a Brasil, nos fuimos a viajar, a conocer y probar parte de este Brasil tan bello.  Rio, Búzios, São Paulo.  Me encantan las visitas porque ellas nos traen buenos aires y buenas vibras para redescubrir todo lo que vivimos en el día a día.  Un momento de pausa para ser turista en tu ciudad y ver todo lo que siempre está allí para ser vivido.  Comenzamos con la represa de Guarapiranga, un domingo en la tarde, con la gratísima compañía de mi gran amiga Cris, su novio y Flavia.  Spot nuevo para mí, la represa de Guarapiranga es la playa de los paulistanos.  Mejor aún cuando se tiene un barco y se puede navegar por sus aguas.  Día perfecto, cielo azul, mucho calor.  Espectacular descubrimiento.  Luego, vino Ipanema en Rio.  Necesitaba un poco de mar, gente linda, ser turista definitivamente es lo mejor de este mundo.  Después de un día de playa, caipirinhas y amnesia temporaria, noche de bar Garota de Ipanema.  Día, visita al Pão de Açúcar, centro de Rio, comidinha básica en el famoso restaurante Amarelinho.  Caminar por el centro de Rio y ver todos esos edificios maravillosos, sentir el “jeito carioca de ser”, descubrir códigos escondidos en las diferentes miradas.  Rio: 40 grados de pura sensualidad y vida.  Hora de viajar a Búzios.  Mi querida amiga Sonia nos esperaba.  Era el momento de paz y tranquilidad, en un clima de estilo en este balneario carioca, famoso por las visitas de la mismísima Brigitte Bardot en los años 60.  Praia da Ferradura, Praia da Foca, Ferradurinha.  Búzios se hizo para llegar, pero no para partir.  Nos fuimos queriendo regresar siempre.  De vuelta a São Paulo, Museu AfroBrasil, Auditorio Ibirapuera, intento de ir a la Oca para ver la expo Corpos Humanos.  No quisimos enfrentar la fila de 3 horas.  Feria de antiguedades del MASP, galeria de arte do Sesi, Fnac para una expedición musical.  Lluvia en São Paulo.  Al día siguiente, cielo nublado, pero sin lluvia.  Expedición al paraíso de la gastronomía: el mercado municipal.  Colores fuertes, sabores exóticos, olores inolvidables.  El centro de São Paulo también tiene sus escondites.  Hay que tener los ojos bien abiertos para encontrarlos.  Memorial da América Latina para ver la obra de Niemayer, edificio Copan desde lo alto de sus 34 pisos.  Es de arriba que se ve la magnitud de esta ciudad hecha de concreto y verde, con sus árboles exhuberantes y su gente tan linda.  Da placer vivir aquí.  Da placer experimentar todas estas sensaciones. 
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