Hace unos meses, Ricardo me dió un libro de Lima Barreto, funcionario público y perdiodista de Rio de Janeiro.  Conocedor de la clase media brasileira de fines del siglo 19, Lima Barreto retrataba la vida del suburbio como nadie lo había hecho hasta entonces.  Para mí que no soy brasileira, pero que me intereso por la vida y la historia del lugar donde vivo, fue un viaje por el túnel del tiempo.  Vivir épocas pasadas, entrar en las casas de las familias brasileiras de los 1900 es un privilegio de quien le gusta adentrarse en la buena literatura local.  Policarpo Quaresma era un idealista, que soñaba en ver un Brasil reconocido por todos como el mejor país para vivir.  Era ultra nacionalista.  Sólo comía lo que era originario de Brasil.  Tan radical era, que en una carta escrita al presidente, reclamando sobre las fechorías y la corrupción de algunos aprovechadores de la patria, la lengua utilizada en la carta era la lengua de los indios, el tupi guaraní!  Incomprendido por su voraz amor hacia la patria, Policarpo acaba ridicularizado y en un hospicio.  Después, se convirtió en agricultor de los más radicales: sólo plantaba plantas brasileiras.  Entró en las fuerzas de defensa del régimen de Floriano Peixoto.  Al enterarse de la corrupción que andaba suelta, Quaresma decide escribirle una carta al presidente, de nuevo denunciando el terrorismo del Estado.  La respuesta que recibió, él no se la esperaba:  fue preso y fuzilado.  Así fué.  Acabó mal el pobre.  Tanto amor por la patria, tanta dedicación ecológica, tanta amargura por la falta de amor de los otros.  Policarpo Quaresma se murió, en medio de su propio escremento.  Increible que este personaje esté tan vivo.  Siempre existió y siempre existirá.  El mundo lo necesita; se necesitan soñadores que con palabras y acciones hagan que el resto de los morales (aquellos que llegaron al mundo solamente para vivir) tengan un minuto para pensar en las “excentricidades” de los otros. 
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