No es siempre que suelo interesarme por libros escritos por personas con menos de 20 años.  Pero este me llamó la atención.  En mi nueva incursión por el universo africano, llega a la Feira Literaria Internacional de Paraty, la figura de un chico de veintitantos años, con cara de cualquier joven de esa edad, sonrisa estupenda y mucha historia para contar.  Apesar de sus veintitantos, este chico, Ishmael Beah, ya presenció tanto que es de extrañar que aún tenga un brillo especial en sus ojos y una sonrisa capaz de cautivar a cualquiera.  En los 90, Ishamael era sólo un niño de diez años, que le gustaba el hip hop y escuchar las historias que su abuela le contaba sobre la luna.  Todo eso se acabó de repente, cuando la maldita guerra civil en Sierra Leona, destrozó vidas enteras, dejando huérfanos a los niños y convirtiéndolos en asesinos de los más fríos.  Sin un hogar para donde regresar, sin una palabra de aliento de sus familiares, Ishmael (y la mayoría de los niños de Sierra Leona) encuentra a su “otra” familia de hermanos huérfanos con rifles en sus diminutas manos.  Ya no habían las historias de la abuela.  Ya no jugaba ni escuchaba hip hip.  Ahora, su rutina era drogarse (diversión patrocinada por las milicias rebeldes de Sierra Leona) y estar listo para matar a quien quisieran.   Vivía anestesiado.  Tres años fueron los que pasó “alistado”, matando a quien se le pusiera por delante.  Tres años de atrocidades, matanzas, drogas pesadas.  Después de tres años, una persona de UNICEF lo rescató y se lo llevó a New York.  Estudió y se convirtió en portavoz contra las atrocidades cometidas en su país, así como el uso de niños en guerras por el mundo.  Triste vida.  Triste futuro para estos niños, pero no para Ishmael. 
Invitado a lanzar su libro A long way Gone.  Memoirs of a Boy Soldier, en la Feria Literaria de Paraty (Rio de Janeiro), Ishmael estuvo en la librería Cultura de São Paulo y yo no podía dejar de ir.  Qué historia conmovente y qué lección de vida de este chico de veintipocos años.  En mis andanzas por la literatura de Africa, me doy cuenta que todavía me falta TANTO que conocer y que leer.  Espero tener tiempo y ojos para leerlos y conocer todas estas realidades y todas estas lecciones de la vida.  Un pedacito:
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