Mi tía Gladys Rasch fue siempre aquellas tías divertidas, que hacían de cualquier reunión familiar un evento digno de ser filmado.  Boca sucia hasta decir no más, “hijoeputa” era una de sus favoritas.  Era de un corazón tan dulce que abrigaba cuanta gente cupiera.  Solía vender comida en un puestecito que tenía en San Felipe, sector central de la ciudad de Panamá.  Eso la hizo muy popular en el barrio de San Felipe.  Recuerdo que de pequeña, mis papás nos llevaban a comer “pescao al escabeche con arroz con coco”.  Fuimos creciendo, y los gustos se volvieron más adultos.  Oba!  Ahora sí podíamos comer su famoso “saus” picante, acompañado de la mejor ensalada de papas que he comido en mi vida.  Esa era mi tía Gladys.  Excelente cocinera.  Mujer trabajadora que no sabía muchas cosas a no ser estar en su puestecito, esperando a sus clientes y echar cuentos fabulosos que hacían que todos salieran de allí, con la barriga llena y el corazón muerto de la risa. 
En diciembre estuve por Panamá y le detectaron cáncer de páncreas.  Uno de los más dolorosos.  Sufrió mi tía.  Ya se quería ir.  No quería contar más cuentos, no quería reirse más.  Sólo quería que los dolores pasaran y la dejaran irse tranquila, sin molestar a nadie.  Fueron 7 meses de dura batalla.  Fueron 83 anos batallando para vivir y luego para morir.  Una mujer batalladora!  Vaya con Dios tía!
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