Kilómetros y kilómetros de congestionamientos en todas las carreteras que llevan al litoral de São Paulo y al sur del país.  Mientras tanto, en Ciudad Gótica, los millones de personas que transitan por las calles, los parques, los malls, los museos, se ven reducidas a los pocos que optamos por disfrutar la ciudad y lo que ella ofrece cuando se queda vacía, o casi.  Pues bien, ayer fue día de paseo cultural.  No hay mejor día para visitar aquellas exposiciones que generalmente tienen filas kilométricas para entrar, que el útlimo día útil del año.  Parece que no mucha gente piensa en los museos para terminar el año.  Gracias a Dios!  Munidas de agua y mucha disposición, Judith y yo comenzamos el tour en el Museo da Língua Portuguesa.  Había estado en otras ocasiones, pero sin tener la oportunidad de realmente apreciarlo.  Como estaban pasando la exhibición de Gilberto Freyre, el intérprete de Brasil (así como periodista, adido cultural y autor de más de una centena de libros sobre sociología, historia y novelas).  Este museo es una experiencia por los senderos de la lengua portuguesa y perfecta oportunidad para enamorarse por este “colage” que es Brasil.  La exposición Gilberto Freyre es una clase de historia y cultura brasileiras, bellamente montada que deja de una sensación de orgullo de ser parte de este país. 
 
“O saber deve ser como um rio, cujas águas doces grossas, copiosas, transbordem do indivíduo, e se espraiem estancando a sede dos outros.” 
 
Este trecho de la obra máxima de Freyre, Casa Grande e Senzala, nos dice mucho de este brasileiro que tenía un conocimiento inmenso de lo que es ser brasileiro.  He leído algunas cosas de él, pero no me he atrevido a leer sus libros.  Creo que ahora estoy lista.
Siguiente parada cultural: Pinacoteca do Estado y el simpático café con terraza al Parque da Luz, que para mí, es como el Verssailles brasileiro.  Divino!  Un pitstop para tomar una cervecita pues el sol estaba inclemente. 
Después, una caminada de unos 20 minutos para ir al Centro Cultural Banco do Brasil, para ver la exposición Horizontal Memories de Yoko Ono.  No decepcionó.  Son fotos, instalaciones, música, textos que invitan a actuar y películas de esta artista incomprendida por muchos.  Su mensaje me llegó.  Una exposición con obras que retratan que y.o. (como firma) tiene sentimientos y preocupaciones con este mundo y con su futuro.  La instalación Endangered Species fue impactante. 
La tarde llegó y con ella el cansancio, pero la sensación de satisfacción fue inmensa.  Gracias Judith!
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