Hoy es mi día.  El día en que mucha gente me usa para saciar la sed, para decir “buenos días”, para decir “hola” o “adiós”.  Amor, pasión, celos, hipocresía, con los ojos abiertos o cerrados.  Soy muy democrático.  No me importo en ser el vehículo transmisor de sensaciones tan dispares capaz de suscitar distintas reacciones.  No era para menos!  Soy responsable por aquel batuque que oyes en tu corazón, aquel ritmo acelerado que te hace sentir un frío en la barriga y que lleva tu pulso de 70 a 140 por minuto.  Activando la percusión humana, soy también el responsable por que la sangre se te suba a la cara, dándote esa sensación febril que no es más que la liberación de una droga natural llamada endorfina que te lleva a sentirte en las nubes.  Qué sensación buena!  Quieres saber más?  Usado con pasión, con locura y depravación, puedo poner en funcionamiento 34 músculos faciales y quemar 12 calorías! Y pensar que hay gente que nunca me probó o que prefiere pensar que soy antihigiénico sólo porque pongo en contacto a 250 bacterias en la boca.  Prefiero pensar que soy el que ayuda a barrer las bacterias de los dientes, pues es grande la cantidad de saliva que se produce cuando me usan. 

 

“You oughtn’t to be frightened,” she said. “It’s the most natural thing in the world. Men will want to kiss you, just as they’ll want to marry you. The pity is to get things out of proportion. It’s like noticing the noises people make when they eat, or men spitting; or, in short, any small thing that gets on one’s nerves.”

The Voyage Out, cap. VI, por Virginia Woolf.

 

 

 

 

Advertisements