Ayer fue un día especial.  Cumpleaños de Francisco Jerónimo Barrios Marín y de Leovigilda María Lasso Rojas.  Mi padre y mi abuelita.  Dos personas han contribuído mucho a formar la persona que soy.  Tengo mucho de mi padre y a veces me incomodan ciertas cosas que reconozco en mí.  Creo que la manera objetiva de ver la vida, sin sentimentalismos noveleros, es una de las cosas que heredé que a veces me incomodan.  Dije “a veces”.  Muchas veces me dijeron que yo no tengo corazón, lo que obviamente no es cierto.  Quien me conoce, sabe que yo soy puro corazón, pero a veces me las aguanto para defenderme de situaciones que pueden llegar a ser más dolorosas aún.  De mi abuelita y mi padre, tengo las ganas de saber, de escuchar, de ver.  Siempre recuerdo a mi abuelita leyendo el periódico en las mañanas, con tanta atención, la parte de los editoriales y de la política.  A veces la pillaba cabeceando, casi durmiéndose sobre el periódico.  “Abuelita, váyase a dormir a la cama”, le decía yo.  Y ella: “Pero si no estoy durmiendo!”   Verdaderos happy days.  Ahora, ella ya no tiene la energía de antes, claro.  Pero se le nota en los ojos esa chispa a los 88 años.  44 años más que yo.  Y tantas historias.  Mi padre cumplió 74 y también mucho que contar.  Talvez de ahí radica el por qué de una vida saludable.  Esas ganas de saber que escribí arriba, es lo que nos hace ver el futuro de manera más interesante.  Esa eterna juventud, que muchos buscan en los consultorios de cirugía plástica, está es dentro de uno, en las ganas de vivir, de cambiar, de ser. 
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