São Paulo se conoce mejor a pie.  Me encanta aventurarme por las calles, sintiendo la brisa fría de la noche, escuchando los sonidos peculiares de la gran ciudad, observando los detalles que se pierden en el día a día.  Hay lugares que se cruzan en nuestro camino diariamente, pero que todavía no nos saludan, ni nos lanzan una sonrisa.  Es el caso de la Paroquia São Luiz Gonzaga, una linda iglesia en la avenida Paulista, que siempre que la veo no está para recibir visitas.  Unas veces, un matrimonio, otras veces un bautizo, otras, simplemente está cerrada.  Pues ayer estaba abierta y decidí entrar para verla por dentro.  Con capacidad para 400 personas y estilo greco-romano, el portal de la parte de enfrente llama la atención por su color rosado y sus dos altas columnas que la dejan majestuosa.  Sin embargo, me sorprendí al ver que la iglesia o parróquia es bien simple, y sus vitrales son lo que la hacen linda.  No es de aquellas que te asustan por la cantidad de oro.   
Saliendo, vi un mendigo mirando hacia la iglesia.  Me preguntaba por qué este ser no entraba y se sentaba junto a los fieles de la São Luiz Gonzaga, todos gente que usa perlas para ir a misa.  Ahí, mi amiga Milly sabiamente me dijo:  “Querida, él no quiere entrar a escuchar la misa.  Él está aquí por business!”  Efectivamente, al salir, nos pidió “alguito para comer”.
 
 
Advertisements