Dice John Steinbeck que nosotros no hacemos viajes, pero que los viajes nos hacen a nosotros.  People don’t take trips, trips take people.  Nada más verdadero.  Más que viajar, lo que necesitamos es hacernos nuevamente, ver nuevamente, observar con atención, estar abiertos a las nuevas sensaciones que un viaje nos ofrece.   Y así me siento.  Ayer llegué de Buenos Aires, la ciudad del tango que según la Wallpaper está entre las “hypest cities” del mundo.  Gente linda, elegante, graciosa, con charm.  Sin embargo, viviendo en São Paulo, es inevitable la comparación: en Sampa hay mucho más gente en las calles, en BAires todavía se puede caminar sin tropezarse con las personas; el metro de aquí es más limpio pero no llega a todos los lugares, el subte de BAires no es tan limpio, pero tiene muchas líneas; el paulista es más simpático y amigable, el porteño no sonríe contigo en las calles o se te presenta solo en un bar o restaurante; en Sampa se regalan Pegeaut en promociones de celular, en Buenos Aires se regalan Mini Cooper!  Qué clase que tienen los porteños.    Fuera estas comparaciones ridículas, pues todos los lugares tienen sus peculiaridades, Buenos Aires fue para mí, un escape a la cultura y nuevos aires.  Tomé el nuevo Bombardier de Pluna.  Al verla, me preguntaba si esa avioneta tan pequeña podría llevarme a salvo a Montevideo y luego a Buenos Aires.  Pero el viaje se sintió rapidísimo y llegué a Buenos Aires, luego de una escala de una hora en Montevideo.  Tatiana, mi amiga que estudió desde kindergarden conmigo, me esperaba y partimos enseguida hacia el lindísimo sector de Palermo Hollywood (en Palermo), con tienditas y boutiques de autor.  De lo más hype!  Bellos árboles nos protegían del sol y el calor que hacía en las calles porteñas.  Un paseo que terminó en un café super simpático.  Pedí una Quilmes pensando que TODOS los bares tenían la cerveza argentina más famosa del mundo.  Acabaron trayéndome una Heineken, porque “de esa no tenemos” como me dijo el waiter.  “Heineken?” dije yo.  “Venir a Argentina a tomar Heineken?”.  Eso no estaba dentro de mis planes, pero tuve que acostumbrarme y en la segunda, ya la Heineken me sabía a Quilmes! Hahahahaha.  Luego, Tatiana me comentó que Quilmes no la tenían en bares buena onda o en lugares buena onda.  Se ve más la Stella Artois o la Heineken.  Estaba inaugurado el viaje sin planes!  Sentarse así, sin querer nada.  Sólo charlar, ver gente caminando, autos paseando, el porteño en un fin de tarde en pleno jueves.  Eso era lo que quería. 

Al día siguiente, a cambiar dinero.  Vane me acompaña y me lleva al Banco de la Nación Argentina en el mini centro o centro histórico.  No cambié dinero allí por la burocracia y la demora, pero le di gracias a Vane por llevarme a semejante edificio espectacular, una construcción maciza, enorme, con columnas impresionantes!  Caminando por las calles del centro vi al hombre más lindo de todo el sistema solar y quién sabe de otras galaxias.  Cómo puede ser que exista gente tan bella?  No le tomé fotos por obvias razones…me quedé sin respiración.  A la una tenía encuentro con otra gran amiga, Ana, con quien fui al maravilloso Malba, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.  Necesitaba ver a Frida Kahlo, a Diego Rivera, conocer este museo que es un marco de la ciudad.  Qué visita maravillosa y qué emoción!  El restaurante, el sol, las obras, todo.  Estaba dentro del museo, cuando de repente veo frente a mí, nada más ni nada menos que a Arnaldo Antunes!  Siempre me gustó mucho la banda Titãs por considerarlos la voz de São Paulo y ahora me encuentro a Antunes!  Hahahaha.  No podía dejar de tomarme una foto con él, al mejor estilo groupy.  Ni Ana ni yo podíamos creerlo. 

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