Conocí a Benedetti cuando llegué a Panamá, luego de vivir 13 años en Brasil.  Como quien se conoce de la vida toda, Benedetti me escribió comentándome toda su experiencia en el exilio y cómo era llegar a su Montevideo después de años fuera.  Él me entendía, él sabía cómo era aquello, sabía como nadie, cómo era reintegrarse en su ciudad, desexiliarse.  Leyendo Andamios y luego otras de sus obras, fui descubriendo el autor que para mí se tornaría uno de los mejores de la literatura contemporánea.  Es uno de los genios, de los grandes.  Fui a sentirlo a Uruguay.  Hice algunos paseos por sus calles y entré a sus librerías.  Respiraba Benedetti.  Ayer dejó de existir físicamente, pero permanecerá en mi sala para siempre.  Esa es la magia de las personas que dejan sus huellas presentes  en el camino eterno.  Por lo que me toca, quiero agradecerle todas sus letras, todas sus palabras.  Hasta siempre Benedetti.
  

Mario Benedetti

 

PARÉNTESIS, por Mario Benedetti, Montevideo 2008

Acompáñenme a entrar en el paréntesis

que alguien abrió cuando parió mi madre

y permanece aún en los otroras

y en los ahoras y en los puede ser

lo llaman vida si no tiene herrumbre

yo manejo el deseo con mis riendas

mientras trato de construir un río

en sus nubes los pájaros se esconden

no es posible viajar bajo sus alas

lo mejor es abrir el corazón

y llenar el paréntesis con sueños

los pájaros escapan como amores

y como amores vuelven a encontrarnos

son sencillos como las soledades

y repetidos como los insomnios

busco mis cómplices en la frontera

que media entre tu piel y mi pellejo

me oriento hacia el amor sin heroísmo

sin esperanzas pero con memoria

por ahora el paréntesis prosigue

abierto y taciturno como un túnel

 

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