Saben aquella sensación que da cuando te estás despidiendo de alguien en el aeropuerto, cuando sabes que tal vez no veas a esa persona por mucho tiempo y te dan ganas de agarrarlo para que no se vaya?  Esa sensación de quedarse huérfana de amigo, o de alguien que no vas a poder visitar más?  Pues ayer me despedí de Kafka on the Shore.  Siempre es lo mismo con los libros.  He llegado a la conclusión de que lectores somos seres sufridores, pues ante la inminencia del adiós, seguimos siempre comenzando una nueva experiencia.  Yo, por ejemplo ya estoy viendo qué leo ahora.  A veces necesito tomarme la vida con calma y dedicarme más al ocio creativo, a ver qué se me ocurre y a ver qué hago.  Hay que diversificar! 

Ayer fui a ver el Ballet da Cidade de São Paulo, en la Semana de Dança que está sucediendo en el Centro Cultural São Paulo.  Tres coreografías: La Valse, Umbral y Dicotomia.  Danza contemporánea con una de las compañias más tradicionales de Brasil.  Alimento para el espíritu de cualquier amante del ballet.  En tres bellas coreografías, la sensibildad del ser humano y su relacion con la naturaleza fueron el punto de convergencia entre ellas.  Me encanta cómo el arte sabe exprimir de su público este sentimiento de continuidad que te hace ser parte de un todo.  Viendo los bailarinos sentí cada pirieta, cada jetté, cada ronde.  Creo que esto es lo que hace que el buen arte dure y el otro, aquel que baila o sucede sólo para ser visto, ser famoso, quede en el olvido.  De repente me dieron ganas de continuar liviana y sensible.  Sensibilidad es la palabra de ahora…espero que lo sea para siempre. 

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