Sólo quien es amigo, sabe la importancia de un amigo.  Esa relación tan parecida al matrimonio, que muchas veces puede hasta acabar con él (con el matrimonio, quiero decir).  Cuando se es amigo de verdad, el corazón siente que será por el resto de sus días.  No hay divorcio entre amigos.  Puede haber pelea, pero el corazón seguirá sintiendo un cariño especial por esa persona.  Es casi un pacto de sangre. 
La semana pasada recibí un mail de Zelandia, hermana de mi madre, que decía que iba a mudarse de la linda Sunnyvale y se iba a Houston, Texas, para poder ayudar a una amiga que estaba sufriendo de depresión.  Caso grave donde la persona se siente fragilizada, no tiene fuerzas para nada y sólo piensa en la mejor manera de acabar rápido con el sufrimiento.  Esto no lo hace cualquier amigo.  Zelandia abdicó de su vida en una ciudad, sus años de trabajo fijo, sus amigos que han estado con ella en las buenas y en las malas, para ir a ayudar a su amiga.  Me puse a pensar si yo sería capaz de hacer lo mismo por mis amigos.  No tuve que pensar mucho.  Sé que en mi decisión, Paulo me seguiría y con él Brahma.  Puede ser que me equivoque, pero eso el tiempo y las circunstancias lo dirán.  Sólo sé que a esta hora, mi querida tía debe estar ya instalada en la casa de su amiga, adaptándose a su nuevo entorno y a su nueva vida que sin duda está por comenzar.  Nada mal para quien ya pasó de los 45!
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