Repasando mi blog, me di cuenta que mi viaje a Italia, Suiza y Grecia, quedó sin palabras.  Desde que Paulo y yo tomamos el Alitalia, Cortina D’Ampezzo, el boing 777-200 que nos cruzó por Atlántico, pasó por Marruecos, Algeria, el Sahara, no había escrito nada referente a este maravilloso viaje.  Vuelo directo a Milano, para quedarnos en Lugano, Suiza, en casa de Gisela y su combo.  Ahora me viene a la cabeza, todo el esplendor de viajar en buses intermunicipales europeus, con esas carreteras que de tan lisas, permiten que leas, duermas, o simplemente aprecies el paisaje sin sobresaltos causados por las imperfecciones del asfalto.  Bienvenidos a Europa!  El impacto de estar en Suiza y hablar italiano es curioso!  Bueno, hablar propiamente dicho, no. hahahha.  Escuchar el italiano, más que nada!  Gisela nos fue a buscar a la estación de buses, pero mientras llegaba, Paulo y yo caminamos por las callecitas aledañas, siempre con un pensamiento: por fin estamos aquí!  Suiza siempre había sido un sueño.  Desde que pasaban Heidi en la televisón y ella corría por los pastos, las montañas, yo me ponía a pensar si algún día estaría como ella.  Fast Forward 35 años y heme aquí!  Increible.  Para mí, no hay montañas que se parezcan a las de Suiza.  Lugano es una pequeña ciudad con lagos, calles lindas, vista espectacular, glamour, gente elegante, divina para quien la visita, pero debe ser aburrida para quien vive en ella todos los días.  Como fuimos en junio, el clima estaba agradable, las flores adornaban las calles, casas, tiendas.  Qué manera de cuidar de la naturaleza!  La conversa con Gisela fue por horas!  Pasamos un tiempo precioso con ella y sus hijos, y luego con Giovanni que llegó de viaje.  Tan necesarios que son los amigos!  En Lugano subimos al primer funiculare que nos subiría al Monte Bre, una pequeña ciudad.  La vista desde 900 metros de altura es bellísima.  Le di gracias a Dios por tener ojos para ver semejante belleza natural.  Si bien que al subir, da un cierto miedo…parecía que el funicular iba a despencarse de los rieles desde allá arriba!  Gisela prefirió ir en carro con sus hijos y nos aguardaba allá arriba, así es que el paseo de vuelta, por la estrecha callecita que subía el Bre, fue super emocionante.  Qué afortunados fuimos de tener a Gisela de guía!
De Lugano, nos fuimos a Luzern, una ciudad de Suiza muy linda y SAP al alemán.  Cómo es posible convivir con tantas lenguas en tan poca distancia!  Luzern también fue especial.  Bienvenida con girasoles por la maravillosa Cida, una brasileira con corazón enorme, que nos abrió su casa como si nos conociera de toda la vida.  La verdad era que quien conocía a Cida era Mattilde, una teacher que trabajaba en la escuela de inglés donde doy clases.  Cuando le dije a Mattilde que me iba a Suiza, ella me dijo TÚ TIENES QUE IR A LUZERN!  Pues ok, para allá nos fuimos!  Estaba frío en Luzern y llovía, pero eso no le quitó el charm.  Cida nos recibió con una cena típica suiza, el famoso “raclette”, queso derretido con papas.  Simplemente espectacular!  En Luzern, subimos el Mount Pilatus, con 2117 metros de altura.  Esa fue una experiencia inolvidable!!! La subida es linda…dan ganas de llorar de lo linda que es!  Se escuchan las campanitas de las vacas pastando, que para mí fue una sorpresa!!!  Dicen las leyendas que en la edad media, un dragón con poderes curativos y espíritus habitaban este monte.  Entre los espíritus estaba el de Pilatus, el romano.  Hasta 1980 nadie podía subir al Monte por temor a incomodar el espíritu de Poncius Pilatus que, todo viernes santo, se lavaba la sangre derramada de Cristo en el lago.  Y ahora, Paulo y yo estábamos allí!  Los Alpes Suizos.  Era realidad. 
Viajar por Suiza es ver la naturaleza mostrando su gran poder.  Su gente que respeta esa fuerza y la valoriza, haciendo caminadas, apreciando lo que tienen y viviendo con calidad.  En la Suiza de las montañas se siente esa convivencia pacífica con la naturaleza, sin exceso. 
Próxima parada: Zurich para visitar a Mica y su familia! Nos encontramos en la estación de tren de Zurich y luego fuimos a dar un paseo por downtown.  Zurich es de lo más moderno.  Una Babel de mil lenguas habladas, sin la confusión que se dió en épocas bíblicas.  Me sentí una verdadera ciudadana, andando en esos Trams, transporte público de dar envidia en cualquier país que queda de este lado del océano.  Se siente en el aire una sensación de libertad, de seguridad, de querer tener todas esas ventajas o conquistas ciudadanas con uno todos los días.  Estar con Mica nos dió la oportunidad de ver de cerca cómo es la vida por allá, una vida en familia con hijos, en este caso, hijas.  Zoe y Mira son niñas increíbles, pero sólo había un detalle que nos separaba: ellas hablan alemán y yo no digo ni gracias!  Levantarse al día siguiente, con Zoe y Mira pidiendo algo que no conseguí descifrar qué era, pero que según Paulo era leche, fue una experiencia!  Y era leche, pues me levanté, fui a la refri y señalé la caja de leche.  Las dos caritas habrientas, dijeron “sí”.  Raro cómo la comunicación hace que las personas se entiendan aunque la lengua los separe.  Con Zoe tuve altas conversaciones.  hahahaha.  Lástima que André no estaba, pues mataba por conocer el amor de Mica!  En Zurich anduvimos por el Old Town (Altstadtbummel), lleno de cafés, tiendas…Oh ciudad internacional, cosmopolita, ideal!  No pasamos mucho tiempo en Zurich, pero lo suficiente para conversar con Mica, amiga que no veía hace tiempo y con la cual hice amistad en el poco tiempo que ella pasó en mi casa en Panamá…hace unos años de eso, pero la comunicación continúa.  Como tiene que ser.  Pasamos por la vida, conociendo vidas, experiencias, personas que nos dan el amor y aceptan el nuestro sin nada a cambio.  De Zurich nos fuimos a Lugano a decirle bye a Gisela, encontrarnos con Michelle y partir a Milano!  Por un error (no sé si mío je je), Desi pensó que llegaríamos a su casa a una hora y llegamos a otra, completamente más tarde de lo que Desi y Mario habían planeado.  Qué situación! Pero al final, todo salió muy lindo y ellos nos recogieron en la espectacular estación de tren (ya se respira arte desde la entrada) y nos fuimos directo a una super fiesta de 50 años…o sea, una super fiesta con DJ, cocina, baile, todo.  Perfecta oportunidad para conocer el pueblo de Milano de cerca!  Muy divertido! Milano, visto a través de los ojos de un milanés, es interesantísimo y lleno de cosas para ver, comer, oir, hacer.  Mario fue nuestro guía.  Milano es como São Paulo, el corazón trabajador de Italia, el que mueve la economía.  Via Montenapoleoni, Via Spiga, Casa de Armani, Gucci, Versace, Prada, Dolce & Gabbana, Pucci.  Tierra de fashionistas, adoración consumista, las tiendas son un must.  Arquitectura impecable, clean (creo que lo clean nació aquí!), lo contemporáneo y lo tradicional conviven muy aquí.  Pero no todo es fashion.  Nos hospedamos enfrente del San Siro, el famoso estadio casa del AC Milan y del Inter.  Bobos seríamos no ir al estadio, así es que fuimos guiados por Mario.  Para Paulo, típico fanático brasileiro, esto fue un sueño!  Su carita de felicidad lo dijo todo.  El Castelo Sforzesco, Parco Sempione (parque maravilloso atrás del castelo), el Duomo (sí, aquella catedral que fue a parar en la cabeza de Berlusconi), teatro La Scala (impresionantemente grande y sueño conquistado de Giuseppe Verdi), Galeria Vittorio Emanuele (con el McDonald’s más chic del mundo!).  Mil cosas en Milan.  Estar en la piazza del duomo es una experiencia única.  Es de una magnitud que llega a parecer infinita!  Después de la catedral de Sevilla, es ella la mayor, con capacidad para 40 mil personas!  En la entrada de la catedral, vi varias mujeres vendiendo pañuelos en la puerta.  Me preguntaba por qué…pero rápido supe.  Como yo estaba con un sueter de tiritas, no me dejaron entrar.  “Sólo con los hombros tapados”, me dijo el guardia.  Voilá, las señoras estaban allí para hacer su negocio! 
 
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