“La vida es como una vela que va ardiendo, cuando llega al final lanza una llama más fuerte antes de extinguirse. Creo que estoy en el período de la llamarada antes de extinguirme”, decía Saramago en perfecto español.  Sabio de la palavra.  Sabio de la vida.  Mago de las letras.  Ese es Saramago, que hoy dejó de estar físicamente entre nosotros.  Extraño cómo una persona puede ser tan, pero tan importante en la formación de otra, sin siquiera haberse visto nunca!  El poder que sus libros ejercieron y ejercen en mí, comenzó cuando leí por primera vez su novela Memorial do Convento.  Fue un flechazo!  Qué historia de amor fabulosa.  Una historia de amor que talvez fue el prenuncio de su propia historia con Pilar del Rio, su compañera inseparable, su amor a los 68, su retorno a la vida!  Una lástima que no escribió esta última novela de amor.  Qué decir de Ensaio sobre a Cegueira, Ensaio sobre a Lucidez, O Evangelio Segundo Jesus Cristo (el más dificil, un golpe en el hígado), A Viagem do Elefante, A Caverna, Viagem a Portugal, O Homem Duplicado, As Pequenas Memórias?  Leer sus libros es entrar en esa visíón amplia que él tiene sobre los hechos contemporáneos. 
Hoy, mi corazón llora.  Llora porque el mundo ha quedado huérfano de uno de los más importantes escritores de nuestros tiempos.  Llora porque el mundo ha quedado un poco menos inteligente, menos gentil.  José Saramago ya no está más aquí.  Nacido en 1922, en Azinhaga, Portugal.  De niño, nunca tuvo libros, sus padres eran analfabetos, pero él nunca quiso haber tenido una vida diferente.  No cambiaría nada: ni las moscas, ni el hambre, ni la falta de ropas.  Gran defensor de las personas menos favorecidas, Saramago siempre abrazó las causas que muchos no tenían la mínima intención de abrazar.  Esos mismos personajes que habitan sus obras con maestría y que nos hacen ver y sentirnos más humanos cada día.  Gracias Saramago, por lo que me toca.  Sembraste en mí una semilla. 
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