La luna me recibió. Luna llena, iluminando el río de la Plata, las canchas de tenis, las avenidas y parques. Una luna de color plata. Señoras y señores, en breves minutos estaremos aterrizando en el aeropuerto internacional Aeroparque de Buenos Aires, Argentina. Un parque aereo dentro de la ciudad. Temperatura alrededor de 13 grados, perfecta para llegar, irse, quedarse…Bajo del avión, tomo mi maleta y paso por aduanas…nada a declarar. Salgo y paso mis ojos por la multitud que espera con cartelitos en las manos “John Peters”, “María Jimenez”.  No hay “Indra Barrios”.  Pero rápidamente veo a Paulo, Niko y Ana que conversan tan animadamente que ni siquiera se percatan de que estoy allí, contenta, en Buenos Aires una vez más, ansiosa por hablar, sentir, oler, mirar en español. Cómo extrano esta lengua. Finalmente, me ven. Yupi, Indra llegó! Buenos Aires es imponente, elegante, seductora, amiga. Sus anchas avenidas son párrafos gigantes que hay que leer poco a poco, para degustar suavecito todo lo que dicen. Buenos Aires. Nuevos Aires. Lo más cool de la ciudad que uno visita, son los amigos que se tienen. Conversaciones en la cocina entre una copa de vino y la otra, los libros y las historias, experiencias comunes…historias de expats, como dice Martín. Viernes: un paseo por Corrientes para comprar libros y ver cosas para la casa.  Venir a Buenos Aires y salir sin libros es imposible!  Encontré “Cuentos de mujeres solas”, una antología con cuentos de varios autores como Anton Tchekhov, Oscar Wilde, Carlos Fuentes, Clarice Lispector; Blanco Nocturno, la última novela de Ricardo Piglia; y Ana me regaló Al Sur de la Frontera, Al oeste del Sol (South of the Border, West of the Sun) de Haruki Murakami!  Luego, fui al Teatro Opera, donde estaba Paulo, para conocer el backstage del teatro.  Tiene capacidad para casi 3 mil personas.  Enorme!  El viernes también fui al Salón Nacional de Artes Visuales 2010 en el Palais de Glace.  El concurso más importante de artes visuales en Argentina, con piezas interesantísimas de metal, papel, oleo, madera.  Una gran oportunidad para conocer lo que se hace por esta tierra.  Ya había estado aquí en la Noche de los Museos del 2008, cuando exhibieron la película Metrópolis.  Alucinante.  Próxima parada: Centro Cultural Recoleta, un edificio que se remonta al siglo 17 (una de las construcciones más antiguas de BAires) y que tiene bajo sus arcos vasta historia religiosa. Ya fue asilo de mendigos, escuela de bellas artes, hogar de ancianos. Hoy, sus largos pasillos abarcan exposiciones de pintura, escultura, fotos de artistas argentinos y un show imperdible que no pudimos ver esta vez, Fuerza Bruta.  Pasear por la Recoleta siempre es tan bueno, tan inspirador, que lo mejor es parar para tomarse un café en algunos de los tantos cafés divinos que hay en la ciudad.  Fuimos a La Biela, tradicional refugio de los porteños, con gente bonita, mesas lindas, madera claras y muchos espejos.  Me encantó el lugar!

 

Continúa…

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