Después de treinta y tres días de perforación, por fin se ve la luz al final del túnel para los 33 mineros del desierto de Atacama en Chile.  Más de 624 metros de largo los separan de la superficie y de la esperanza de todos los que los esperan vivos.  De por sí, un hecho nunca antes visto.  No consigo imaginar cómo 33 personas consiguieron convivir en un espacio tan reducido, sin luz, sin aire puro.  Uno de los motivos de que estén con vida sin duda es el jefe de turno, Luis Urzúa, quien tuvo la grande tarea de mantener la armonía y la disciplina de estos hombres.  Ya se imaginan?  Han sido 64 días!  Un verdadero milagro.  Me pongo a pensar de lo que hablarán, cómo dormirán, cuánto llorarán, qué recordarán.  Es cuando la familia se hace tan importante y tan necesaria.  Me viene a la cabeza el terremoto de Chile el 27 de febrero de este año.  Paulo estaba en Viña del Mar y fue la sensación más angustiante que tuve en toda mi vida.  El teléfono sonó todavía temprano en la mañana.  Era un amigo para decir que había sucedido un terremoto en Chile y que pusiera CNN.  No podía creerlo.  Cómo así que un terremoto de 8.8, yo aquí, Paulo allá, yo sin noticias, Paulo sin comunicación?  Pasó una semana y muchos temblores y pánico hasta que Paulo pudiera volver a Brasil…sensación de pérdida horrible.  Sólo espero que los mineros puedan pasar la fase más dificil: subir los 624 metros, en una hora, encerrados en la cápsula del tiempo milagrosa que los llevará a su nueva realidad…tan desconocida como aterradora. 

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