Qué es lo que te viene a la mente cuando piensas en una tertulia literaria o un club de lectura?  A muchos les viene a la cabeza una reunión aburrida, con gente aburrida y de habla dificil.  Hace unos meses estoy frecuentando uno aquí en São Paulo y es todo menos aburrido.  Además de discutir el cuento o libro leído, trayéndolo a nuestras propias experiencias, nos reímos, nos divertimos, hablamos de nuestras vidas, de nuestros miedos, de nuestra alma.  Un club de lectura debe ser así, no?  Yo leo porque vivo y vivo porque leo.  No consigo entender cómo hay gente que no se deja infectar por este virus.  El mejor antídoto para cualquier enfermedad.  Ya hemos leído a Virginia Woolf, a Tchechov, Clarice Lispector, Machado de Assis, Edgar Allan Poe y otros que no me vienen a la memoria.  El cuento de hoy fue The Fog Horn, de Ray Bradbury (http://members.fortunecity.com/ymir1/beastfro9.html).

Un trecho que me encantó:

“One day many years ago a man walked along and stood in the sound of the ocean on a cold sunless shore and said “We need a voice to call across the water, to warn ships; I’ll make one.  I’ll make a voice that is like an empty bed beside you all night long, and like an empty house when you open the door, and like the trees in autumn with no leaves.  A sound like the birds flying south, crying, and a sound like November wind and the sea on the hard, cold shore.  I’ll make a sound that’s so alone that no one can miss it, that whoever hears it will weep in their souls, and to all who hear it in the distant towns.  I’ll make me a sound and an apparatus and they’ll call it a Fog Horn and whoever hears it will know the sadness of eternity and the briefness of life.”

Un cuento que habla sobre la soledad aunque rodeados por muchos.  En mis años de exhilio voluntario por tierras brasileiras, me he ido enamorando de ese estado tan pasivo y divertido al mismo tiempo que es la soledad.  Yo, que me considero una eterna lonesome soul, he aprendido a sacarle provecho y a considerarlo hasta necesario en el proceso de crecimiento emocional de todo ser vivo.  El cuento de Bradbury me gustó por eso.  Dos hombres que trabajan en un distante farol, en el medio de la nada, conversan sobre las profundezas del mar y la soledad.  Uno de ellos guarda consigo un secreto, algo que no ha comentado con nadie por miedo de que todos lo crean loco.  Una vez por año, un gran animal sale del fondo del mar y llora con un llanto tan alto que duele en el alma.  Es el llanto de un ser que vivió miles de años en la tierra y que ahora, al ver el farol brillando en la noche, con ese ruido que hace para avisar a los barcos la dirección cierta del mar, ve una chance de reencuentro con alguien de su misma especie.  Una oportunidad de sentir amor por alguien o algo que hace mucho no ve, no siente, no oye.  “Isn’t that a word now, Johnny, a real word, it says so much: the Deeps.  There’s all the coldness and darkness and deepness in the world in a word like that.”

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