La literatura rusa retrata el caracter y la tradición de este pueblo que vive con pasión, con romance, con valentía y con fuerza.  Ese realismo con que se relatan las historias como El Jugador, El Idiota,  Memorias del Subsuelo, Crimen y Castigo, de Fiodor Dostoievski.   En las novelas de Anton Chekhov la vida del campo se contrapone a la vida de la ciudad, sus encantos y sus personajes que se enamoran y se abandonan.  Los cuentos de Chekhov llegan al corazón.  Tío Vania, Las tres hermanas, La Dama del Perrito.  Relatos de la vida misma…una vida que a pesar de ser tan diferente, es tan igual a la de uno.

A pesar de mi amor por estos autores, nunca he leído a Aleksandr Pushkin, considerado la voz de la lírica rusa.  Algo parecido a lo que  Shakespeare o Goethe fueron para Inglaterra o Alemania, respectivamente.   Ayer fui a ver a la compañía de danza Débora Colker y su espectáculo Tatyana, basada en la novela Eugene Onieguin, de Pushkin.  Bello montaje pop de esta compañía cuya directora es hoy día lo mejor de la danza en Brasil.  No es facil montar una historia rusa, pero la compañía presentó un delicado y sensible balet en dos actos, que me fascinó.   Escenografía, efectos visuales, y la música!  La música estuvo de la mano con toda la historia: Tchaikovski, Stravinski, Rachmaninov.  Una buena invitación a leer la obra de este gran autor!

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