Plano abierto de un paisaje maravilloso de China, un lago divino rodeado de montañas…una pareja en un bote de madera, dos chinos aparentemente enamorados hablan y ríen.  La cámara se acerca.  El chico chino le dice a la chica (digo, eso es lo que intuyo, porque yo no hablo chino!) que aguarde un poco, que tiene algo que enseñarle.  Cámara cierra a una cajita donde se ven dos anillos.  Ah, parece que el chico le va a pedir la mano a su novia.  Perfecto escenario para un SÍ.  Cuando el chino se vuelve para pedirle la mano, de la nada, sin aviso, aparece una vaca que está cayendo del cielo y cae justo encima de la chinita!  Los que estamos en el cine nos morimos de la risa con esta escena absurda.   Mientras tanto, en el medio de las carcajadas, un chico alto busca su asiento para sentarse en la primera fila del cine y tropieza con algo, haciendo que su cuerpo vuele por el aire en cuestión de 2 segundos y caiga de manera espectacular en el piso.  Parecía The Purple Rose of Cairo, de Woody Allen, donde la realidad se mezclaba con la película!  El chico se levanta rápidamente y dice “Disculpen, esto también hace parte de la película!”  La platea no se contiene y aplaude la entrada triunfal del chico.  Cómo son buenas estas situaciones absurdas que hacen nuestro viaje por la vida más ameno, más cómico, más real!  Así comienza la éxcelente comedia Un Cuento Chino, de Sebastián Borezstein.  Una historia protagonizada por el maravilloso Ricardo Darín, Roberto, que habla sobre el encuentro casual entre él y un chino, Jun (Huang Sheng Huang), que no tenía nada que ver con él y al mismo tiempo tenía TODO que ver.  El absurdo contrastando con las cosas del día a día y, como dice Darin en la peli, “La vida es un gran sin sentido, un absurdo.” Hombre bueno, coleccionador de noticias absurdas que salen en el periódico, gruñón y hermitaño, Roberto se aferra a sus ritos o manías obsesivas (como apagar la luz exactamente a las 23 horas todos los días) y no consigue resolver sus dolores del pasado.  Su encuentro con Jun, un chino que vino atrás de un tío (su único familiar en el mundo), genera una serie de coincidencias y casualidades que afecta la vida de estos dos desconocidos, al punto de revivir en Roberto la llama de un amor casi perdido.  El absurdo del destino de uno (Jun, que perdió a su novia de manera tan bizarra) se encuentra en el absurdo de los miedos del otro.  Es una linda manera de mostrar cómo todos podemos tener nuestra redención en esta Tierra incógnita.   Todo pasa porque tiene que pasar.  Nada es mera casualidad.  Un Cuento Chino, una historia de amor, de generosidad, de bondad.  Algo tan ausente en los días de hoy.  

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