El 8 de diciembre era el día esperado.  No sólo por ser el día de las madres, sino porque era el día que iba a llegar a Panamá después de 5 años.  Increible cómo se pasa el tiempo.  Increible cómo esta ciudad ha cambiado y se ha convertido en toda una señora adulta.  Como todos los adultos, con sus cosas positivas y negativas, pero siempre creciendo.  Panamá ya no tiene el olor de mango, o de guineo o guayaba.  Panamá huele a nuevo.  Una que otra vez, el olor putrefacto de su pasado insiste en salir, pero eso no importa pues está creciendo y para los que están creciendo no interesan mucho los problemas y los procesos dolorosos por los que tenga que pasar.

Panamá está hecha toda una señorita…sí, es verdad.  Pero continúa siendo una señorita del interior, con manías y costumbres de allá donde uno.   Pero aún así, me continúa gustando.

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