Cuando veo películas como la última de Wes Anderson, Moonrise Kingdom, me pongo a pensar en los personajes de esta vida que están aportando con su camión lleno de arena a que el mundo tan sin sentido en que vivimos sea un lugar más alegre, más humano, más “vivible”. Una historia como otras, pero contada con el estilo Wes Anderson, que mezcla el realismo mágico con situaciones inverosímiles que muy bien podrían ser verosímiles. Casos extraños y extravagantes, con gente disfuncional (será?) que también hace parte del teatro en que vivimos. Por qué no contar sobre un idílico lugar en la costa de New England, Estados Unidos, donde dos niños de 12 años decidieron hacer un pacto de amor y vivir juntos por siempre? Una historia como cualquier otra que Wes Anderson transformó en una fantástica película, con un elenco brillante tipo “si Frances McDormand, Bruce Willis, Edward Norton, Bill Murray, Tilda Swinton (Diosa!) están en ella, entonces, hay que verla”. El personaje de la niña, encantador. Lectora de cuentos de ciencia ficción, ella se encanta leyendo en voz alta las historias para que los otros la sigan. Es como una narradora de las más fantásticas historias, en un lugar y un tiempo (1965) en donde la tv no se había convertido en única protagonista del día a día. El niño, el verdadero boyscout, cuyos padres murieron, está bajo los cuidados de un par de señores que no se importan con él y que deciden que “ya no quieren más tenerlo”. Dos almas románticas, solitarias, que escriben en cartas su plano de fuga y que desencadenan todos los sentimientos escondidos de los otros personajes. Música, guión, actuación, fotografía, nota diez!

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