He estado leyendo a ese otro mago de las palabras llamado Roberto Bolaño.  La curiosidad me llevó a él, Guerrero, revolucionario de las letras, narrador de la realidad humana y social, Bolaño murió muy temprano, de insuficiencia hepática, pero su narrativa nos acompañará por siempre.  Otro autor del que siento orgullo.  Orgullo de compartir esa lengua que nos une, el español y orgullo de saber que existió alguien que escribía nuestro sentimiento.

‎Para Pereda, el gran problema de Argentina, de la Argentina de aquellos años, era precisamente el problema de la madrastra. Los argentinos, decía, no tuvimos madre o nuestra madre fue invisible o nuestra madre nos abandonó en las puertas de la inclusa. Madrastras, en cambio, hemos tenido demasiadas y de todos los colores, empezando por la gran madrastra peronista. Y concluía: Sabemos más de madrastras que cualquier otra nación latinoamericana.”

“La gente, le dijo o se lo dijo a los conejos que a veces, subrepticiamente, acompañaban durante un trecho a los jinetes, estaba cada día más desequilibrada, hecho comprobado que llevaba a la psiquiatra a deducir que tal vez el desequilibrio mental no fuera una enfermedad sino una forma de normalidad subyacente, una normalidad vecina a la normalidad que el común de los mortales admitía.”

El Gaucho Insufrible.  Roberto Bolaño.

Nuestra historia es la multiplicidad de formas con que eludimos las trampas infinitas que se alzan a nuestro paso.  Rutina y tesón.  Recuperación de cadáveres y registro de incidentes.  Días idénticos y tranquilos.

Demasiado tarde para qué?, le pregunté con un bostezo.  Para los cachorros y para las cuidadoras, respondió.  Ya es demasiado tarde para todo, pensé.  Y también pensé: En qué momento se hizo demasiado tarde? En la época de mi tía Josefina? Cien años antes? Mil años antes? Tres mil años antes? No estábamos, acaso, condenados desde el principio de nuestra especie?

El Policía de las Ratas.  Roberto Bolaño.

Esto suele ser común en quienes aman la literatura.  En realidad, esto es común en quienes aman cualquier cosa.  Todos terminamos convirtiéndonos en víctimas del objeto de nuestra adoración, tal vez porque toda pasión tiende – con mayor velocidad que el resto de las emociones humanas – a su propio fin, tal vez por la frecuentación excesiva del objeto del deseo.

El Viaje de Álvaro Rousselot.

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