No sé si es el pasar del tiempo, o el tema que escucho con frecuencia hoy en día.  Lo cierto es que el amor y la muerte están rondando mis pensamientos.  Otro día conversaba sobre cementerios con amigos en la playa…de repente no entendieron el por qué de mi fascinación con estos terrenos tomados de almas puras, marranas, honestas, deshonestas, buenas o malas.  Y teniendo como escenario una vista espectacular de la ciudad de Caraguá, con la Serra do Mar bellísima y el sonido del mar que insistía en decir estoy aquí, pese a los otros ruidos que una ciudad como esa pueda tener, menos todavía!  Hoy Arnaldo Jabor escribió sobre el tema haciendo una pregunta que me dejó pensando: qué extrañaremos cuando ya no estemos aquí?  Yo extrañaré el sentimiento de tener a la familia, llamar a los que uno quiere (en mi caso, llamar via skype o nonoh por la distancia que me separa de mi familia), preocuparse…ese querer oir la voz de mi abuelita contando sus peripecias de niña traviesa, sus viajes…la risa que consigo sacarle a mi mamá apesar de sus amarguras y sus problemas…la voz de mis hermanas queriendo oir mis payasadas (y reirse con ellas!).  Extrañaré las mañanas con Paulo y con Brahma, siempre sonriendo y mostrando cómo es bueno el amor…también extrañaré mis conversaciones con cinéfilos y con lectores…sí, extrañaría el arte…oh el arte…eso sí lo extrañaría!

Y el amor? Qué sentimiento lindo ese que nos transforma, nos cambia, nos eleva a la 10a potencia?  Ese sentimiento que nos hace mejores y nos hace aguantar pruebas nunca antes imaginadas?  Ese amor que vi en la maravillosa película Amour, de Michael Haneke (Palma de Oro en Cannes y Globo de Oro de mejor película extranjera) es ese amor que quiero.  Incondicional, cariñoso, amigo, generoso y humano.  Ese amor que puede matar si el caso lo amerita.  Un amor así es el que todos necesitan para que este mundo sea más alegre.

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