Hay un señor aquí cerca de casa que cuida la calle, ayuda a las personas que van a estacionar sus coches a hacerlo de manera más segura, cuida que la basura sea colocada en plásticos y que esos plásticos sean colocados en un espacio específico para que el camión de la basura los recoja.  Un señor amable, que dice buenas noches Sra. Indra con todas las letras bien puestas, sin equivocarse jamás con mi nombre…cosa rarísima en esta ciudad.  Un señor de sonrisa tímida, andar curvado y  compasado.  Un señor humilde, medio gago…no por eso deja de conversar.  Un brasileiro honesto, que no recibe nada para hacer lo que hace, sin embargo, que ejerce la ciudadanía como nadie.  Él está haciendo lo mejor que puede para que este pedacito de mundo, la calle donde vivo, sea un lugar especial, más seguro, más humano, más limpio.

Lo he visto saliendo de un conjunto de cuartos que queda a unos metros de mi edificio.  Pobre debe ser.  Sus ropas y sus zapatos grandes me lo comprueban.  Usa lentes pero no debe haberse hecho el examen de la vista hace años, pues su mirada siempre está como buscando…buscando un punto o una voz.  Su pensamiento me parece un poco retardado…pero no sé.  Me pongo a pensar quién es este señor, dónde duerme, qué le gusta, qué hace, con quién vive, será amado?  Me pongo a pensar en la cantidad de gente buena que existe en este mundo, esos fantásticos anónimos que nos dejan perplejos con la mirada tierna y que nos dicen sin palabras lo importante que es vivir con amor.

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