A veces me siento tan sola…como si fuera la única persona en el mundo con algo de sentido común…cómo así que no me viene ese deseo que aniquila mis neuronas y me hace comprar compulsivamente aunque no necesite nada?  Esa adrenalina que hace que los problemas de desvanezcan y se queden en el agujero negro del espacio?  A veces me siento tan sola en este mundo tan consumista.  Son las 6:25 de la tarde, el tráfico se intensifica y la masa se dirige de manera disciplinada hacia las tiendas, a obedecer a todas las llamadas publicitarias que aparecieron incesantemente en los periódicos, en la tele, en los e-mails, en el facebook, por aire, por tierra y por mar…a comprar se ha dicho!

Lo que es un mes de fiestas, de melancolia, de família, de música y de recomienzos, se ha reducido (para muchos) en un torbellino de compras capaz de causar tsunamis de gentes que se pelean por un pedacito de status en el olimpo que los humanos piensan que es nuestro planeta.

Y yo aquí, en la tranquilidad de mi casa, escuchando Jack Johnson y tomándome la vida con calma.  De hora en hora las campanas de la iglesia mandan el mensaje de que “ya basta, es hora de arreglarse e ir a misa” y yo me divierto viendo a la gente llegando…unos a la hora cierta, otros más atrasaditos, pero siempre con la señal de la cruz (3 vezes…no entiendo por qué tres veces) delante de la gran puerta que les dice: “Hijo mío, has conseguido librarte de la novela de las 6 y de las compras.  Bienaventurados los que lo logran!”

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