Frida se encontraba en su estudio pintando, cuando apareció Diego, furioso, con una hoja de dibujo descolorida en la mano y un hacha en la otra.

– Frida, guarda tu perro, si lo cojo me lo cargo.

– Cálmate – exclamó Frida riéndose.  (Diego encolerizado le parecía cómico.)

– Se ha meado en mis acuarelas.

Frida soltó una risotada irreprimible.  Se puso la mano en la boca, tratando de aguantarse.  Pero las lágrimas le venían a los ojos y una risa loca le zarandeaba todo el cuerpo.

El perrito entró rápidamente en la habitación, vio a Diego y bajó  la cabeza corriendo hacia los pies de Frida.  Ella dejó el pincel que sostenía en la mano derecha y se puso al animal en el regazo.

– Señor Xolotl…- empezó a decir.

Diego se acercó después de bajar el dibujo mojado y el hacha; apaciguado de repente, cogió al perrito entre sus manos y lo levantó por encima de su cabeza.

– Señor Xolotl – dijo -, es usted el mejor crítico de arte que he conocido…

– …que se atreve a levantar la pata sobre la obra del gran maestro Rivera – le interrumpió Frida-.  Sí, toda obra tiene sus debilidades y el señor Xolotl es el gran experto.

Frida Kahlo, Rauda Jamís

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