Frida, hoy te dije adiós por tercera vez.  Leyendo las últimas páginas de tu espectacular biografía, no me pude contener y lloré desconsoladamente por ti, por tu cuerpo roto y tu espírito de plomo.  Lloré por ti y también lloré por todas las mujeres. Las que sufren y las que luchan.  Las que nunca te conocieron ni te van a conocer.  Por todas esas mujeres que me han hecho aprender, que me han infectado con el virus poderoso que se llama vida.  Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón. Frida.  Frieda.  Friduchita.  La Kahlo.  La pata de palo.  Frida Kahlo de Rivera.  Eres un ser maravilloso con la fuerza de la naturaleza, un trueno.  Nunca me canso de leer y aprender con mujeres como tú…nunca puedo matar la sed que tengo de aprender a vivir con toda esa fuerza brutal y absoluta.  Fuiste una mujer que supo lo que era el dolor y a pesar de eso, abrazaste el amor con todas tus fuerzas.  Nunca te diste por vencida y quisiste luchar hasta el último día.  Cómo no amarte a ti y a esta fuerza bruta que devora la vida?  Cómo me hubiera encantado conocerte! Cuánto nos habríanos reído…y amado!

De repente, le parecía estar aún más abandonada a sí misma.  No había escapatoria posible.  Cada vez que levanta la mirada, Frida miraba a Frida, observaba su desesperación silenciosa, se derrumbaba sobre sí misma.  Frida sonreía, la Frida-espejo también sonreía, tranquilizada.  Frida se odiaba por ese hándicap, el ojo de Frida-espejo se endurecía sin complacencia.  Frida echaba de menos a Alejandro, Frida-espejo se entristecía y palidecía.  Frida escribía unas palabras en un papel, Frida-espejo lo leía todo por encima de su hombro.  Espejo implacable, compañero mirón.  Presente, inevitable. La única solución para vivir con él: adoptarlo de una manera u otra, domeñarlo, sacarle el máximo provecho.  Encontrar la manera de cohabitar, romperse la cabeza, pero encontrarla.

El espejo! Verdugo de mis días, de mis noches.  Imagen traumatizante como mis propios traumas.  La impresión constante de que te señalan con el dedo.

Mi tiempo adquiría otra dimensión.  No creo que se me pueda contradecir: el arte necesita tiempo.  Para reflexionar, para trabajar, para profundizar.  Disponía – regalo del accidente – de ese factor, si no indispensable, al menos precioso: la oportunidad de trabajar a mi aire, a mi ritmo.

Me gustan mucho las cosas, la vida, la gente.  No quiero que la gente muera.  No tengo miedo de la muerte, pero quiero vivir.  El dolor no, eso no lo soporto.

Todo un mundo miniaturizado.  No puedes funcionar a base de grandes pinceladas, requiere una atención particular y produce más calambres en la mano.  Hay que impedir que la imaginación no comporte dispersión, canalizar toda la energía que la muñeca querría desplegar.

El cuadro debe mirarte tanto como tú le miras a él.  En ese juego, creo poder decir que con cincuenta centímetros cuadrados de pintura, soy más fuerte, me atrevo a decirlo, sí, que Diego con un mural de veinticindo metros cuadrados.  Y es importante: es necesario cuestionarse las cosas de la vida.  Determinarse en relación a ellas, y así se avanza.

Qué es ser surrealista? – prosiguió Frida -. Si consiste en quitar los objetos de tu contexto para situarlos en otro, la pintura no ha hecho otra cosa en toda su historia…Si se trata de jugar al absurdo, yo no lo soy…

En una de las escasas veladas que pasé en un café, me sulfuré: Eluard defendía la pintura de Dalpi y yo ni tan sólo creo que sea un pintor.  Un realizador de imágenes, apenas…Son curiosos esos franceses.  Ponían por las nubes a un hombre como Renoir, no quiero decir que no valga nada, pero en fin, no es gran cosa comparado con Monet, por ejemplo.

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