Seis cuentos.  Seis historias.  Varias vidas que siguen un camino en el mismo territorio. Un territorio de muchas realidades, bellezas y horrores que se entrecruzan.  Purgatorio Tropical intenta captar este nuevo escenario que se vive en Panamá post reversión del Canal, con todas las ambiguedades e incertidumbres que puede traer un nuevo siglo y un nuevo maquillaje para una nación tan joven.  Y es en este escenario, en este Purgatorio tropical (título que bien define el sentir de algunos) en el que Raúl Altamar Arias dibuja la vida de varios personajes, muchos de ellos tan cercanos a los que de una manera u otra han convivido en los escenarios descritos.  Para mí, que resido a kilómetros de distancia de Panamá por muchos años, fue un viaje al pasado que me trajo a la memoria los lugares y personas con los que conviví.  Algunos personajes me hicieron imaginarme exactamente a la persona que sirvió de inspiración.  El lenguaje coloquial usado en los diálogos enfantizó aún más ese sentimiento que, debo confesar, me transportó al Panamá que tengo en mi memoria. Cada una de las historias podrían encajarse bien en la vida de cualquier familia panameña (o centroamericana, o gringa, o española, o de donde sea).  “Destinos”, que es el primer cuento, narra la vida de una no tan superficial Ana Melissa con sus amigas totalmente superficiales.  Todas piensan que la vida es estar tranquila en su casa, con hijos y empleadas, casada con un buen tipo y atendiéndolo bien…”Para qué complicarse la vida?” se atreve a decir una de ellas.  Juanri, marido de Ana Melissa, es el típico macho panameño que quiere tener un trofeo en la casa, también “sin complicaciones”, y hace de todo para que ella haga su papel de esposa y se sienta feliz.  Pero Ana Melissa quería ver más allá de la ventana de su penthouse de 300 metros cuadrados, como tantas mujeres que se encierran en la jaula de oro que sus “atentos” maridos les regalan apenas se casan. El segundo cuento, “Pavo Real”, es la historia de un “pavo”, que se ve atrapado entre lo nuevo y lo viejo, entre el hoy y el ayer y lo que implica hacer cambios para el progreso.  Es la historia de la transición de los buses de Panamá, de los famosos diablos rojos y los nuevos Metro Bus.  Colombianos, maleantería, juegavivismo, barrios de la periferia y choferes que se divierten con su diario vivir.  Otro que me llevó de vuelta al pasado y, sinceramente, no querer volver a estar allá. En “Zonificado”, un grupo de zonians cuenta sus historias con acento gringo-criollo panameño.  Si los panameños tuvieron sus dolores de cabeza con los gringos en Panamá, éstos también tivieron sus “crisis” de identidad y sentimientos de no pertenencia.  Ambos lados con las mismas esperanzas, las mismas tristezas… “Riesgos Vividos” es sobre la realidad vivida por aquellos que se ven envueltos en situaciones complicadas sin querer.  Narcotráfico y mafia colombo-rusa, fiestas rave y DJs famosos le dan el tono moderno y al mismo tiempo decadente de una realidad cada vez más común en las ciudades modernas.  Triste historia. La política, la publicidad y los “closets” a los que muchos se ven forzados a encerrarse en la xenofóbica Panamá son el tema central de “Reflejos Familiares”.  Drama familiar también conocido por la mayoría de los seres humanos en este lado del trópico (y más allá de él, también) y ambientado entre producciones, campañas presidenciales y la hipocresía que ronda por estos entornos, este cuento fue, a mi parecer, el más completo y mejor desarrollado de los seis.  Al leerlo, da la sensación de déjà vu es inevitable. De un matrimonio “pudiente” que después de un extraconjugal polvo oriental, no “pudo” más, Moncho se graduaba del América, una escuela pública, para el orgullo de su madre. Tal vez ahí se vea una metáfora de lo que muchos pasaron al ver sus matrimonios desbaratados por causa del oriente: de lo privado a lo público en un dos por tres.  “Nuevos Comienzos” es el último de los cuentos (en el que, supongo, la palabra “comienzos” tiene mucho que ver) que termina el purgatorio.  Y el que sirve de enlace para los otros cinco.  Moncho, un chico joven, con la vida por delante, sufre un cambio radical que lo obligará a comenzar todo de nuevo.  Y en ese comienzo termina la historia que podría seguir en looping eterno. Para los que están acostumbrados a leer obras clásicas y contemporáneas, como yo, comenzar a leer un libro como Purgatorio Tropical conlleva una cierta desconfianza, por el simple hecho de los altos estándares a los que uno se acostumbra.  Al tomar el libro, la sensación táctil es de las mejores, pues su tamaño es más “pocket” que los pocket books.  Paso las páginas y leo “Mójate los labios y sueña” de Soda Stereo.  Me gusta.  Pero luego me encuentro con una cantidad de errores ortográficos (“mí” sin tilde, etc) que me bajan el trip.  Me pongo a pensar quién corrige estos textos…y si es que los corrigen.  Julia me dice: “dale un chance…seguro que tb te llevará de paseo por algunos lugares de Panamá y sus personajes…lo q pasa es q tú eres muy pro.” Ante eso, pues no me queda otra.  El reto es ese.  Terminar el libro.  Y así lo hice en dos días.  Fue un viaje placentero.  Reí, recordé cosas y situaciones que ya ni sabía estaban en mi cerebro. Algo que me dejó con esperanza fue que me deleité ante el panorama literario panameño, casi desconocido para mí.  Descubrí que las letras no paran, no pueden parar y nunca lo harán.  Tanta gente queriendo contar una historia.  No todos consiguen contarla bien, pero el hecho de existir en el camino ya es algo digno de ser leído.

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